Parecía un año muy lejano, pero ya ha pasado más de un cuarto de 2020. Para muchos igual no os diga mucho, pero si como yo, habéis trabajado con planes de transformación digital o planes estratégicos seguro que más de una vez os han hecho referencia al “Plan 2020” (leído como “Plan veinte veinte”). Ese plan que iba a llevar a las compañías a ser digitales, innovadoras, ágiles, centradas en el cliente...

No puedo evitar pensar en cómo irán todas estas empresas en su cumplimiento, ¿están ya transformadas?, ¿han marcado el “done” y tienen ya un plan post-transformación digital?

Como usuaria tengo clara que la respuesta es no. Si bien es verdad que hay sectores aventajados, aún se ven muchas carencias en las compañías tradicionales, sobre todo en cuanto a experiencia omnicanal y explotación del medio digital, es decir, se han limitado a digitalizar productos y servicios físicos.

Si pienso la respuesta como consultora, ese “no” es todavía más rotundo, el cambio significativo a nivel core aún no se ha producido en las grandes compañías. Siguen llenas de procesos tediosos, silos, limitaciones, etc. Muchas aún carecen de canal digital (o este es un accesorio), y ya ni hablar del potencial desaprovechado de sus datos.

Sin embargo, las tendencias siguen su curso, y hay cada vez más artículos sobre qué viene después de la transformación digital:

Viendo, por un lado, si la Transformación Digital se ha dejado atrás y ya se está pensando en la “next big thing”; y, por otro, si las compañías se han transformado realmente. Por lo que quisimos comprobar cuál era la realidad de primera mano. Es decir, preguntamos a los “usuarios de la Transformación Digital”, a responsables de transformación de distintos sectores (banca, retail, medios, farma, turismo, consultoría y tecnología) y como si de un focus group se tratase, los juntamos en una conversación para así poder conocer y contrastar cómo es la realidad de la transformación en las compañías españolas.

Utilizamos nuestro research sobre la era post-digital para abrir la sesión (si quieres puedes verlo aquí) y al terminar la reacción de nuestros invitados fue unánime: su realidad no es esa ahora mismo.

La gran empresa española se encuentra envuelta en la convivencia hasta ahora nada amigable del run y el transform. Todas ellas tienen claro hacia dónde ir, en qué deben transformarse. Sin embargo, la gestión del día a día y la supervivencia más inmediata centrada en la cuenta de resultados, les supone un impedimento para llegar a ello. Por ello, las compañías siguen separando sus “operaciones” de “innovación” o “transformación” actuando aún como silos. ¿Qué valiente directivo será capaz de romper este paradigma?, ¿no está su mandato supeditado a tener buen rendimiento económico? Y esto empuja la balanza hacia el lado del “run” claramente.

Por otro lado, es verdad que todos ellos perciben factores externos que les empujan a cambiar. Ya han asumido como hecho que las exigencias de los clientes no atienden a sectores. Además la democratización de las tecnologías digitales supone una ausencia de barrera de entrada para agentes externos que revientan el mercado y que además no tienen una clientela tradicional a la que retener ni una mochila cargada de procesos, silos, código legacy, etc.

Conseguir estar a la altura pasa por estar siempre pendiente de las tecnologías emergentes. E identificar y comprender pronto el potencial profundo de cada nueva tecnología para trastocar tanto condiciones de producción como hábitos sociales, y cómo conectar ese potencial con las necesidades y oportunidades del negocio. Porque una nueva tecnología nunca viene sola y lo que en principio puede desencadenar nuevas eficiencias en un proceso productivo o de comercialización, a medio plazo probablemente desencadene otras mutaciones más imprevisibles aún.

Además la transformación no es sólo tecnología, la transformación va de personas. Por un lado de personas como los clientes. La orientación al cliente es uno de los grandes vectores de cambio en las organizaciones en transformación. La comodidad, la inmediatez, y el acceso a las utilidades como alternativa a la propiedad de los bienes, han sido hasta ahora los ejes principales de las nuevas propuestas de valor de la transformación digital. Pero el cliente ya está en otro punto, el “10x more convenience” ya es una commodity, ahora demandan ir más allá en las propuestas de valor y además ser totalmente respetuosos con el mundo en el que vivimos, social y ecológicamente.

Y sobre todo de los miembros de una empresa, porque la transformación no ocurrirá si estos no quieren, en todos sus niveles:

Las condiciones del entorno siguen cambiando a un ritmo que desafía toda capacidad de cambio. Por tanto, digital o no, la transformación, además de obligatoria, tiene que ser la única constante en las compañías. Adiós transformación digital, bienvenida transformación permanente.

Esto es solo un puñado de conclusiones y aprendizajes que sacamos de aquella sesión pero hay muchos más. Hemos recogido todas ellas en un ebook, y si quieres leer un poco más puedes descárgalo aquí.

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