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techbiz
Ignacio López y Miguel Carrasco Hace 1 día Cargando comentarios…
Uno de los grandes retos de las empresas actuales es lograr que negocio y tecnología avancen de la mano. En un entorno marcado por la transformación digital y la inteligencia artificial, encontrar ese equilibrio ha dejado de ser un deseo para convertirse en una prioridad estratégica absoluta.
Para profundizar en este desafío, en este episodio contamos con Ignacio López, un profesional con más de 20 años de experiencia liderando procesos de transformación en compañías como Tous, y Miguel Carrasco, director comercial de retail y consumo en Paradigma Digital.
Lo curioso de Ignacio es que su perfil rompe moldes: estudió arquitectura e interiorismo corporativo, pero un giro del destino en el mundo de las startups lo llevó a asumir la gestión de operaciones y el área comercial, convirtiéndose en el puente entre las necesidades de negocio y el equipo técnico. De ahí dio el salto al mundo corporativo, donde ha consolidado un rol eminentemente gestor y humano.
A menudo se percibe una fricción constante entre ambos lados. Para Ignacio, el origen de este problema no es una declaración de guerra, sino una falta de alineación en los objetivos.
Las metas empresariales suelen fijarse desde la dirección sin un consenso previo con las áreas transversales. Cuando el objetivo baja de golpe con una fecha fija, la tecnología se ve obligada a reaccionar a rebufo.
No es que los equipos técnicos quieran frenar los proyectos, el negocio debe pedir y proponer, porque eso es lo que motiva a los equipos de desarollo, pero hay una línea muy clara entre pedir de forma realista y "soñar gratis".
Esta falta de comunicación e infravaloración de los tiempos técnicos genera consecuencias directas. La adaptación de herramientas tecnológicas nunca es tan sencilla como el drag and drop que prometen los proveedores. El legado tecnológico y el mapa de sistemas de las empresas siempre añaden capas de complejidad.
Cuando los proyectos se ejecutan con plazos irreales, aparece la desmotivación y la desafección en los equipos técnicos, lo que termina disparando la rotación y provocando una pérdida crítica de conocimiento en las compañías.
Ignacio utiliza una analogía muy gastronómica para explicar la gestión de proyectos. Para él, dirigir en TI es como cocinar, donde conviven la repostería y la cocina clásica.
La repostería exige una receta milimétrica: si cambias un gramo, el dulce falla.
Esto equivale a los proyectos puramente de infraestructura, donde no hay margen para la flexibilidad. En cambio, la cocina clásica permite adaptar flujos y añadir un toque personal, lo que se asemeja a los proyectos funcionales que requiere el negocio.
Para que la receta de un equipo de proyectos funcione, Ignacio destaca ingredientes esenciales que deben mezclarse bajo un método propio adaptado a cada empresa:
Respecto al impacto de la Inteligencia Artificial, la visión desde la trinchera tecnológica es firmemente positiva. Lejos de las corrientes catastrofistas que auguran la destrucción de empleo, la IA se perfila como el nuevo fuego o la nueva rueda de la evolución humana.
En la práctica diaria de un/a líder, la IA no cambia el rol estratégico, pero sí optimiza radicalmente la eficiencia de las tareas mecánicas (informes, KPIs, auditorías).
Al liberar tiempo de los procesos automatizables, los perfiles directivos pueden dedicarse a lo que de verdad importa: la gestión humana, la motivación y la resolución de conflictos. Curiosamente, la IA está logrando que la dirección de tecnología sea mucho más humana.
Sin embargo, hay terrenos donde la tecnología no llega. En una reunión, la IA no detecta la patada por debajo de la mesa, un resoplido de desinterés o un lenguaje corporal que te obliga a cambiar el rumbo de una presentación en tiempo real. Esa inteligencia emocional sigue siendo exclusiva de las personas.
El sector tecnológico demanda cada vez más perfiles híbridos. No se busca necesariamente ingenieros/as puros/as para liderar la interlocución, sino personas capaces de traducir el lenguaje técnico al de negocio y viceversa, permitiendo que cada profesional brille en lo que realmente es bueno.
Para las personas que buscan liderar los equipos del mañana, el camino se cocina con paciencia y cuatro pilares fundamentales:
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