La tecnología nos ha permitido disponer de un superpoder por el cual prácticamente cualquier ser humano con unos conocimientos mínimos pueda llevar a cabo proyectos de mayor o menor envergadura. Pero parafraseando al Tío Ben en Spiderman: “Todo gran poder, conlleva una gran responsabilidad”.

En particular, no somos conscientes de la huella de carbono que podemos generar con cada interacción que hacemos en nuestro día a día o lo que consumimos. El estudio 'Green IT and sustainable technology development: Bibliometric overview', dirigido por la doctora, catedrática e investigadora del grupo Alarcos de la Universidad de Castilla La Mancha (UCLM), Coral Calero, publicado en 2018, se calcula que una búsqueda en Google genera unos 0,2 gramos de CO2, visualizar un vídeo de Youtube de 10 minutos 1 gramo, y almacenar un correo electrónico durante un año, unos 10 gramos. Estas cifras no parecen preocupantes de forma aislada, pero si tenemos en cuenta que aproximadamente se hacen unas 6 mil millones de búsquedas en Google al día según Internet Live Stats, y se visualizan unos mil millones de horas al día de vídeo en Youtube (según datos de Youtube en 2017, por lo que esta cifra podría ser mayor a día de hoy) hacen mucho más alarmante la situación a la que nos estamos encaminando sin ser conscientes.

Esto hace que, a día de hoy, las empresas tecnológicas consuman entre un 6% y un 9 % de la energía mundial, y la tendencia se prevé a la alza llegando hasta el 20% para el año 2030. Es cierto que hay empresas como Google que se han comprometido a utilizar energías renovables al 100% para el año 2030. Amazon está instalando granjas solares y parques eólicos por todo el mundo. Azure se ha comprometido a utilizar energías renovables al 100% para, en el 2025, obtener una certificación de cero desperdicios y generar más agua de la que consumen para 2030. Además, los de Redmon sumergieron varios centros de datos en el océano para evaluar si eran más energéticamente eficientes y el resultado fue bastante prometedor. Otras compañías compensan las emisiones en carbono que generan sus traslados, oficinas y operaciones en general. El impacto medioambiental, normalmente, no se suele tener en cuenta cuando queremos desarrollar nuestras estrategias de implantación de servicios. Lo más habitual es encontrar un buen equilibrio entre la disponibilidad y el coste de nuestra infraestructura. Pero, ¿cómo podemos hacer, además, que nuestro proyecto sea sostenible?

Por una parte, es cierto que alojar nuestro servicio en proveedores de nube pública donde esto ya lo obtenemos “de caja” nos facilita un primer paso. Los proveedores de nube pública tienen la experiencia y el presupuesto para hacer que sus datacenters sean muy eficientes. Pero esta opción no siempre es planteable para todos los clientes; el hecho de que nuestro servicio esté alojado en una nube pública no lo va a convertir automáticamente en más verde. El verdadero reto sería: “¿puede mi servicio seguir siendo competitivo incluso si reducimos a la mínima capacidad posible su infraestructura? ¿Realmente es necesario que funcione el 100% de tu plataforma las 24 horas del día? No es que venga a descubrir ahora el autoescalado (Amazon lo lleva ofreciendo desde Agosto de 2006), sino más bien el pensar si realmente tu servicio va a operar 24/7 siempre y en todas sus capas.

Veamos un ejemplo:

Si se trata de una empresa que opera en varios países y tiene un punto de entrada único, o cierta información centralizada, y solo los catálogos “descentralizados”, es entendible que dicha plataforma funcione las 24 horas del día y al 100% de capacidad (sin contar campañas especiales). Pero si nuestro negocio no opera las 24 horas del día, o nuestro negocio no opera globalmente, ¿por qué seguimos gastando energía durante las 24 horas al día? ¿Es realmente nuestro negocio de misión crítica?

Si realmente esa decisión es para mantener una presencia de funcionamiento constante y que no se escape ningún cliente sin consumir nuestros servicios sea la hora que sea, ¿cuál es la rentabilidad real que nos generan esos clientes noctámbulos? En la televisión, a partir de las 2:00 de la mañana, las audiencias “no cuentan” a nivel comercial, ya que el impacto es mínimo, y los espacios publicitarios que se pueden ver (mayoritariamente teletiendas y espacios dedicados al juego), se venden a precios no comparables con lo que cuesta emitir un anuncio en un prime time. A las televisiones comerciales les sale más rentable ofrecer esos espacios a un coste más reducido, que emitir cualquier tipo de programa, ya que no hay prácticamente nadie frente al televisor. ¿Por qué en Internet no aplicamos esa misma regla? Por muy global que sea Internet, si nuestro mercado está centrado en nuestro propio país, ¿es rentable que tengas todo tu negocio funcionando a pleno rendimiento en Internet? Para ti, tal vez poco. Para el planeta, absolutamente nada.

Es cierto que, a día de hoy, los únicos parámetros por los que se valora positivamente una empresa son puramente económicos (facturación, beneficios, rentabilidad …), sin importar si la empresa ha convertido nuestro planeta en un vertedero para conseguir sus ganancias. Pero la tecnología nos puede ayudar a seguir siendo competitivos, generar valor, obtener beneficios y, encima, no sumar negativamente en el balance ecológico de nuestro planeta.

¿Qué estrategias podemos tomar para poder sumar en verde nuestros proyectos?

Creo realmente en el poder de transformación de la tecnología como herramienta para mejorar el mundo. Y creo que la tecnología siempre podrá sumar en positivo para paliar la emergencia climática que estamos viviendo. Si queremos hacer que nuestro negocio también aporte de una forma positiva en el mundo, podemos ayudarnos de la tecnología como punto de entrada. No necesitamos transformarnos en mutantes para usar el superpoder de la tecnología, basta con utilizarla sabiamente.

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