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Alberto García Hace 16 minutos Cargando comentarios…
Lo que nos dice nuestra experiencia en Paradigma es que la mayoría de las organizaciones no están teniendo un problema de delivery, tienen un problema de foco y prioridades, y lo vemos constantemente.
Los proyectos avanzan, los equipos van entregando, los comités se celebran, los informes llegan con información positiva. Pero cuando preguntas dónde está el valor, cuál es el impacto, qué retorno estamos teniendo, qué iniciativas deberían acelerarse o cuáles deberían pararse, las respuestas ya no son tan evidentes.
Y ahí aparece uno de los grandes retos de muchas organizaciones: no se trata solo de ejecutar más, sino de mejorar la calidad de las decisiones que conectan estrategia, inversión, capacidad y ejecución.
Durante años, las oficinas de proyectos de las grandes compañías han desempeñado un papel fundamental ayudando a las organizaciones a estructurar, gobernar y profesionalizar la gestión de proyectos. Gracias a ellas, muchas compañías han conseguido aumentar su capacidad de entrega, mejorar el control sobre la ejecución y reducir la incertidumbre operativa.
Pero el contexto actual exige algo más. La velocidad de cambio del mercado, la transformación digital, nuevas capacidades impulsadas por IA, presión por demostrar resultados más rápidos y organizaciones que gestionan más iniciativas de las que realmente pueden absorber.
En este escenario, “solo gestionar proyectos” ya no es suficiente. Necesitamos ser capaces de decidir mejor. Decidir qué iniciativas aportan más valor, decidir dónde invertir, decidir qué acelerar pero sobre todo, decidir qué dejar de hacer. Por eso, cada vez más organizaciones están evolucionando desde modelos tradicionales de project management office hacia enfoques de oficinas de gestión del valor. No porque necesiten una nueva oficina, sino porque necesitan una nueva forma de conectar estrategia, inversión, capacidad y ejecución.
Una evolución que implica pasar:
Porque el avance de un proyecto no siempre equivale a avance en valor.
Un proyecto puede estar en plazo, dentro de presupuesto y con un reporting impecable, y aun así no estar generando el impacto que justificó su inversión. Del mismo modo, una iniciativa puede necesitar cambiar de enfoque porque el contexto ha evolucionado, porque las hipótesis iniciales no se han confirmado o porque han aparecido oportunidades de mayor valor.
Ahí es donde una VMO (Value Management Office) puede marcar la diferencia.
No se trata únicamente de saber si los proyectos avanzan. Se trata de saber si siguen siendo la mejor forma de avanzar hacia los objetivos estratégicos de la organización.
Para conseguirlo, la VMO necesita trabajar sobre varias capacidades:
En REV by Paradigma llevamos años acompañando a organizaciones en este tipo de evoluciones y hay algo que hemos aprendido una y otra vez: las organizaciones más resilientes no son las que ejecutan más proyectos, son las que mejor entienden dónde generar valor y son capaces de adaptar a tiempo sus decisiones cuando cambia el contexto.
Por eso nuestra visión de la VMO va mucho más allá de una oficina de seguimiento o gobierno. La entendemos como una capacidad organizativa que ayuda a alinear negocio, personas, tecnología y ejecución bajo una misma dirección.
Y para conseguirlo no construimos únicamente una mejor PMO con nuevos procesos, herramientas o mecanismos de gobierno. Ayudamos a construir organizaciones más adaptables combinando múltiples soluciones e iniciativas que pueden alcanzar desde gestión del portfolio, priorización basada en valor, gestión de capacidad, diseño organizativo, desarrollo del liderazgo, evolución de perfiles, gestión del conocimiento, métricas de impacto, comunidades de práctica, uso efectivo de inteligencia artificial y otras muchas soluciones, todas con el objetivo principal de conectar estrategia y negocio.
La evolución hacia una visión de valor requiere desarrollar capacidades organizativas mucho más profundas y construir una cultura basada en la transparencia, la responsabilidad compartida, la toma de decisiones basada en datos y el aprendizaje continuo. Hace falta construir un lenguaje común sobre qué entendemos por valor. Hace falta definir indicadores útiles. Hace falta transparencia para ver lo que ocurre y responsabilidad compartida para actuar sobre ello.
También hace falta asumir una idea incómoda: priorizar implica renunciar.
Si todo es prioritario, nada lo es realmente. Si todas las iniciativas siguen entrando, si nada se revisa, si nada se para y si todo compite por la misma capacidad, la organización termina generando dispersión, fricción y pérdida de foco. Este cambio también exige repensar la forma en la que financiamos las iniciativas, avanzando hacia modelos más incrementales y flexibles, capaces de adaptarse cuando cambia el contexto y aparece nueva información.
La VMO ayuda precisamente a hacer visibles esas tensiones. No para sustituir el criterio de negocio, sino para mejorar la calidad de las conversaciones que las diferentes áreas necesitan tener juntas.
Ninguna metodología transforma una organización por sí sola. Son la cultura, el liderazgo y los mecanismos de decisión los que convierten esa visión en una realidad sostenible en el tiempo.
Las organizaciones adaptativas tienen la ventaja competitiva que separa a las organizaciones que evolucionan de las que se quedan atrás. En un mundo donde el alcance cambia, las prioridades evolucionan y la incertidumbre forma parte del día a día, las organizaciones que marcan la diferencia no son las que ejecutan más proyectos, son las que mejor innovan, priorizan y deciden dónde invertir su tiempo, su dinero y su talento.
El reto ya no es solo tener más datos, el reto es convertirlos en mejores decisiones. Y quizá esa sea la verdadera evolución que muchas organizaciones tienen por delante: dejar de preguntar únicamente cuánto hemos avanzado y empezar a preguntarnos, de forma sistemática, qué valor estamos generando, qué estamos aprendiendo y dónde merece la pena seguir invirtiendo.
Pasar de gestionar proyectos a gestionar valor no consiste en cambiar el nombre de una oficina, consiste en evolucionar las capacidades de la organización.
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