Hace ya más de 10 años que AWS comenzó a servir de manera pública sus servicios de infraestructura. En ese momento, se conocía la virtualización de máquinas. Esta empezaba a permear en los datacenter y los proveedores de hosting esperaban que les hicieras una petición para que algún equipo interno la atendiera y, como resultado, tuvieras tu máquina recién instalada.

Los hipervisores tenían API y eso nos daba a entender que se podía automatizar la entrega de recursos de computación. La entrada en juego de AWS cambió el mercado y la manera de entender la infraestructura. Había nacido la primera nube pública y lo hizo en forma de Cumulonimbus, es decir, como una formación nubosa de magnitudes colosales que desataría tormentas épicas en el mundo tecnológico.

Otros grandes players vieron la oportunidad del mercado recién nacido. Cuatro años más tarde, en 2010, eran alrededor de 20 empresas las que pugnaban por la hegemonía en la IaaS, y Gartner percibía a AWS como un “simple” visionario.

Trece años más tarde, ya en nuestros días, mirar el cuadrante de Gartner es como mirar un cielo en el que solo han quedado un puñado de cumulonimbus que, a día de hoy, siguen generando tormenta.

Cuadrante de Gartner.

La tormenta es el mecanismo que tiene la atmósfera para eliminar el desequilibrio entre temperaturas y presiones en zonas colindantes. Estos desequilibrios generan movimientos fuertes de aire y en función de la ionización crean rayos, con sus correspondientes truenos.

Los cumulonimbus o cumulonimbos son nubes de gran desarrollo vertical, internamente formadas por una columna de aire cálido y húmedo que se eleva en forma de espiral rotatoria.

Cabe preguntarse cuál va a ser la siguiente tormenta que anuncian nuestros cumulonimbus: AWS, Google, Azure, etc. Para saberlo solo hay que olfatear el ambiente, percibir de dónde llega el olor a humedad, buscar el nuevo desequilibrio que espera ser apaciguado.

IDC prevé que en 2019 los ingresos por venta de hardware para cloud pública caigan un 2,2% con respecto al 2018. Sin embargo, este mismo analista prevé que las compras de hardware en el caso de la nube privada van a crecer un 10,1% a lo largo del 2019.

Rightscale en su reporte sobre el cloud del 2019 indica que el 84% de las grandes compañías tiene una estrategia de cloud híbrida. De los cuales, el 67% basa su hibridación en su datacenter.

Durante años, se nos ha hecho pensar que llegaría un día en el que no existirían los datacenters privados, que todas las cargas subirían a la nube pública. Ahora sabemos que esto no es así, los datos anteriores y otros tantos informes nos ayudan a entender que el datacenter privado no está destinado a desaparecer, sino todo lo contrario.

Es una opción más que válida para muchas cargas y muchos clientes, solo es necesario convertirlo en una nube privada. Así se goza de la tranquilidad que da tener los datos en casa y de la agilidad de la nube.

Los primeros que son conscientes de ello son los cumulonimbus, los grandes players de nube pública. El primero en reaccionar fue Microsoft con su Azure Stack; el siguiente movimiento fue de la mano de AWS con Outpost y, finalmente, Google ha movido ficha con Anthos.

Estos servicios persiguen lo mismo: facilitar a los clientes el despliegue de tecnología cloud en su datacenter y, de paso, lograr penetración en el mercado de nube privada, mercado que como hemos visto, está creciendo.

Los movimientos de estos actores van en dos grandes líneas:

Si lo pensamos detenidamente, la segunda podría terminar convergiendo con la primera, pues tanto AKS y EKS podrían ser servicios abrazados por Stack y Outpost, respectivamente.

Desde Paradigma miramos con buenos ojos estos movimientos porque llevamos desde 2016 implementando entornos de nube híbrida de la mano de Red Hat, y esto nos ha permitido ampliar nuestra propuesta de valor al cliente en relación a la nube híbrida con productos nuevos, multivendor.

Todos estos movimientos de los grandes cumulonimbus representan la nueva tormenta en el mundo de la infraestructura tecnológica, tormenta que una vez se calme habrá dibujado un panorama lleno de pequeñas nubes a modo de cirrostratos, cada datacenter será una de esas diminutas nubes.

Los cirrostratos son un tipo de nubes altas caracterizadas por estar compuestas de cristales de hielo y frecuentemente por la producción del fenómeno óptico halo.

Ahora bien, no olvidemos que los cirrostratos se caracterizan por ser nubes que anuncian un inminente cambio de tiempo...

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